Los pioneros, la pionera

En el Día del Periodista, recorremos la historia de nuestro oficio. En Santa Fe, los primeros periodistas fueron funcionarios. La primera, una militante contra el avance de la mujer.

Los diarios militantes

Como sucedió con los primeros periódicos metropolitanos, especialmente aquel que fundó Mariano Moreno y que es motivo de nuestro día, las primeras publicaciones de Santa Fe fueron oficiales, oficialistas y una expresión de la hoy popular rama del “periodismo militante”.

Dejaremos de lado, en el plano nacional, experiencias como el Telégrafo Mercantil (1801) o las brevísimas incursiones de José Miguel Carrera en territorio santafesino en 1819 con su Gaceta Federal, o el paso del padre Francisco de Paula Castañeda con sus efímeras pero pintorescas publicaciones en nuestra zona, como Vete portugués que aquí no es, Ven portugués que aquí es y Buenos Aires Cautiva y la Nación Argentina Decapitada a Nombre y por Orden del Nuevo Catilina Don Juan Lavalle.

En 1828 se reunió en la ciudad la Representación Nacional; junto con los diputados llegó una imprenta enviada por Juan Manuel de Rosas, y desde allí se tiraron varias hojas informativas redactadas tanto por los convencionales como por Castañeda. Por esa imprenta, que nunca se devolvió pese a los reclamos, fue que salió lo que podría considerarse el primer periódico santafesino, de carácter oficial.

El Federal. Lex Populi, Lex Dei apareció hacia finales de 1830 y fue su primer escriba el francés Guillermo Lacour. Luego de aproximadamente un año de circulación, con la paz consolidada, el periódico-arma política dejó de aparecer. Recién una década después, con el mismo espíritu, se difunde por la zona El Libertador, bajo el lema “¡Viva la Federación! ¡Muera Rosas!”, que tiró por algunos meses el ejército unitario del general Lavalle en Santa Fe.

Entre 1848 y 1850, también por la Imprenta del Estado, se vieron cuatro periódicos gubernamentales destinados a sostener a Rosas. Fueron redactados por varios funcionarios, entre ellos el escritor y educador Marcos Sastre. En 1853 se imprimió aquí La voz de la Nación Argentina, un diario de las sesiones de la Constituyente.

Ya bajo el gobierno de Juan Pablo López, se sucederían dos títulos oficiales redactados por destacados escritores argentinos. El Chaco, en 1857, a cargo de Lucio V. Mansilla, quien recordó en sus Entre nos: Causeries de los jueves, su paso por Santa Fe en el artículo “De cómo el hambre me hizo escritor”. Y el poeta Olegario V. Andrade de El Patriota, poco después.

Desde fines de la década del 60, la Imprenta del Estado cambia sutilmente de función: será licitada para que los particulares publicaran periódicos privados a condición de que también se vieran en sus páginas documentos oficiales. Así aparecen El Pueblo, El Eco del Pueblo, El Fénix, entre otros.

Comienza entonces una proliferación de periódicos, especialmente en Rosario, que lleva al gobierno de la provincia a dictar una ley de imprenta de tinte censor en 1876.

Con la década del 80 toma relevancia la figura de un periodista: Domingo Guzmán Silva, redactor de El Santafesino y posteriormente en Unión Provincial. Por una columna allí publicada, Silva fue preso en 1895.

Los diarios se multiplican y ganan en periodicidad por entonces. Separados de la órbita estatal, no lo estarían de las luchas políticas. Muchas de las publicaciones nacidas entre 1870 y entrado el siglo XX, lo hacen al calor de las batallas electorales. Eran diarios militantes.

Llegarían los tiempos de las primeras redacciones propiamente dichas, donde periodistas, escritores y propietarios se confundirían en una simbiosis patronal-obrera donde el primer término de la fórmula usufructuaría durante décadas de la especial identidad de la segunda, y miraba desde varios escalones más arriba a la clase trabajadora sin sentirse parte de ella. Un binomio que comienza a resquebrajarse en 1938 con el primer congreso en Córdoba y a romperse, pero no perdurablemente, con la sanción del Estatuto del Periodista Profesional en 1944.

Ella era femenina, no feminista

Al ser durante mucho tiempo publicaciones puramente políticas y estar excluidas las mujeres del ámbito público, era muy escasa su visibilidad. Cuando algunos diarios comienzan a buscar diversificar su campo lector, ampliado con el crecimiento de la alfabetización, incorporando tímidamente otro tipo de informaciones, algunas mujeres son objeto de noticia muchas veces como “victimarias” en el ámbito de lo prostibulario, otras como víctimas en lo que entonces se llamaban “crímenes pasionales” o “trata de blancas”.

En el marco de la Primera Exposición del Periodismo Santafesino en 1951, el diario El Orden lanza una campaña para resguardar las reliquias de más de 100 años de impresiones. En busca de apoyos para su empresa, da con Carlota Garrido de la Peña, una mendocina radicada en Coronda a quien nomina “la primera periodista santafesina”.

Fundó y dirigió en 1895 la revista santafesina El Pensamiento. Semanario de lectura amena, costumbres, asuntos religiosos y sociales, crónicas de salón y de modas, bibliografías, etc. Contó con la colaboración de varias escritoras de la provincia y también de Buenos Aires. Publicó por entregas su novela Tila. En el diario Nueva Época aparece en folletín su novela Reminiscencias y en La Capital de Rosario, Mundana.

Tras El Pensamiento, en 1902 codirige junto a Carolina Freyre de Jaimes La Revista Argentina.

Dos décadas después, cuando se radica en Rosario, las opiniones de Carlota se manifiestan en su máximo esplendor. Entre 1922 y 1924 se publicó en Rosario Semana Gráfica, donde se destaca su columna “Temas femeninos (entre nosotras)”, un espacio para reafirmar los valores tradicionales ante el avance de modas y actitudes de las mujeres “libres”.

Rescata Moira Cristiá aquí su activismo católico, su actitud reaccionaria y su laboriosa militancia en pos de mantener clara las divisiones entre géneros. Frases como “en cada niña hay una madre futura” o “¿qué deseos son los que encienden en el alma de la mujer? La de ser la más bella y los de atraer sobre sí la admiración de los que pueden cerca, por medio de la elegancia. Son deseos irrefrenados que se levantan y crecen tumultuosos en muchas almas femeninas modernas, archimodernas: que beben licores y se adormecen sobre el tapete, hollando las excelencias y destrucciones de su ser, entre el amodorramiento de la cocaína, porque no pudiendo desear más, salen fuera de la órbita de la vida, en busca de emociones nuevas o ya ansiosas del olvido”.

Carlota rechazó de plano los movimientos sufragistas que se popularizaban en Europa por entonces. Aquí no era necesario: “La patria no necesita por el momento a las mujeres electoras cuando ellas tienen en sus manos el gobierno de la familia, que a su vez es la patria bien organizada, invencible y feliz”.

Desde el periodismo, desde la literatura, desde las aulas en las que actuó como maestra, Carlota Garrido de la Peña, la primera periodista santafesina, dijo a los cuatro vientos: “Yo, femenina, nunca feminista”.

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