La muerte de Pedro “Chilín” Eusebio

El recuerdo de un amigo que lo conoció de niño y con quien compartieron felices momentos hasta su partida.

Éramos dos niños cuando iniciamos una relación que se iba a prolongar de por vida, pero ahora convertida en una hermosa amistad que nos permitió compartir todas las etapas que se fueron sucediendo en nuestras existencias, con los vaivenes naturales que se nos fueron apareciendo a lo largo de estos sesenta y cinco años en que disfrutamos, fundamentalmente, cuestiones laborales.

Allí, en esa área del trabajo y del sacrificio, el querido Pedro Eusebio fue el mejor ejemplo a seguir. Su infancia fue muy dura, perdiendo a su padre rápidamente y de una manera comprometida para su corta edad, sumándose poco tiempo después el fallecimiento de su madre con lo que prácticamente se vio obligado a iniciar su vida con responsabilidades desmedidas para su niñez, aunque afortunadamente para él, teniendo el apoyo incondicional de una tía por la que Chilín profesaba un recuerdo imborrable. Pero su actividad dentro de EL LITORAL se inicia, como norma de aquel entonces, estamos hablando de fines de la década del 40, efectuando simples tareas de cadete, aunque en su caso ya dentro de la sección Deportes y teniendo como genial orientador a Dn. Pablo Emilio Daneri.

Todo esto ocurría mientras proseguía sus estudios en la Escuela de Comercio, afianzándose en el diario hasta quedar efectivo pasando a desempeñarse en la sección Contaduría junto al contador Dn. Ramón Cantero con quien estableció una excelente relación que resultó altamente positiva para su futuro ya que rápidamente se consolidó en esa función hasta su jubilación en diciembre de 2001.

Pero Eusebio fue también un destacado deportista, habiéndose iniciado en el básquetbol en Rivadavia Juniors jugando en las categorías iniciales llegando a formar parte de los primeros y destacados equipos superiores de la entidad de calle San Lorenzo. Luego lo incorporó Colón a su plantel en lo que fue la época de oro de este deporte, demostrando todo se bagaje de recursos, especialmente su solidez dentro de la cancha.

Pero también hay que recordar su reconocido paso por LT10 Radio Universidad, con quien también compartimos un espacio muy bien estructurado que rápidamente disfrutó de una audiencia fenomenal. Se llamó Panorama Deportivo, dirigido por Jaime Víctor Tepper, con las voces de Armando Lombardi, Pedro Oscar Roteta, Enzo Volken, Julio Alberto Jeanney y Pedro Juan Ceballos, entre otros. Chilín fue hasta su muerte un notable memorioso, hombre de consulta, participando en las transmisiones especiales de LT10 en la maratón a Coronda y otras.

Otro de los aportes laborales que lo tenían comprometido casi hasta el fin de su existencia era el Centro de Jubilados Municipales, concurriendo diariamente a desempeñarse como hombre de consulta pues tenía pleno conocimientos de la actividad.

Creo no haberme olvidado de algunos de los aspectos mas salientes de la rica trayectoria del inolvidable amigo, pero sería imperdonable no dedicarle un párrafo final a su bohonomia y particular forma de interpretar la vida con generosidad, teniendo siempre una inclaudicable voluntad para buscar soluciones a cualquier tipo de problema que pudiera presentarse. Siempre de buena onda, junto a su esposa Nenucha formaron un hogar respetable para cobijar en su plenitud el enorme cariño de sus hijos y los nietos.

A nosotros, sus amigos, nos quedan para siempre, los dichos, las anécdotas, su vozarrón permanente en cualquier lugar o circunstancia, que lo caracterizaron. Para él no había secretos y en el diario sabíamos de su presencia con absoluta facilidad, cualquiera fuera el lugar dónde se encontrara. Por algo te bautizaron desde chico con el sobrenombre de Vitrola.

Por todo esto y mucho más te vamos a extrañar querido amigo, pero aceptamos que llegó el momento de descansar después del duro sufrimiento de los últimos meses.

Enrique Miguel Cruz

Para el Diario El Litoral

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